Sandy Cay
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Islas Vírgenes e Isla Culebra (Puerto Rico)

La travesía a las Islas Vírgenes fue de maravilla. Llegamos al amanecer y según las cartas hay un paso entre las islas Virgin Gorda y Fallen Jerusalen con unas rocas a flor de agua pero con anchura suficiente.

El caso es que llevábamos 3 barcos delante que fuimos siguiendo con el radar y vimos que los 3 evitaron ese paso y atravesaron una milla más al sur. Aunque os parezca raro, fuimos prudentes y copiamos lo que hicieron los otros (así no tuvimos que pensar).

Llegamos al Parque Natural llamado The Baths y alucinamos. Es Caribe con sus cocoteros, playa de arena blanca y agua azul turquesa. La novedad es que hay unas piedras enormes, blancas, que crean como pequeñas pozas espectaculares. Vimos que en una zona estaban los barcos con boyas y en otra fondeados. Como en la carta no quedaba muy claro si se podía o no fondear y tampoco estaba clara la zona exacta, optamos por ponernos más o menos en línea con otro y arreglado. Si venía alguien diríamos que el otro estaba primero.

No se puede bajar con el dinghy a tierra por lo que lo dejamos en una boya y tuvimos que ir nadando (aprovecho para decir a una grandísima amiga que esto pasa algunas veces y por eso hay muchas fotos sin camiseta. Vale, también porque somos un poco exhibicionistas…).

Me sentí superfeliz, puesto que eran piedras bastante altas, mojadas, con algas en la zona inferior, totalmente resbaladizas y sin calzado adecuado. Vamos, perfecto para abrirse la cabeza intentando subir.

Quisimos pasar con el dinghy a la bahía de al lado para ver la población, ya que el nombre molaba: «Spanish Town». El caso es que nos acercamos a un pequeño embarcadero rodeado de arrecifes y parecía que había un restaurante. Nos acercamos y os puedo asegurar que debe ser uno de los restaurantes con mejores vistas del mundo.

Nosotros seguimos comiendo en el barco a la espera de ver si sale la pierna de cordero del congelador. De todas formas, a Francisco se le está dando bien la pesca y estamos comiendo pescado fresco muy a menudo.

Decidimos quedarnos a dormir allí porque el sitio estaba muy chulo y estamos…en modo paraíso

En la carta indicaba que las boyas son sólo de uso diurno y los barcos empezaron a irse al atardecer. Nosotros optamos por levantar el fondeo y situarnos en una boya. Si alguien preguntara…diríamos que la carta la había visto Francisco (el que no ve de cerca). Coincidió el situarnos en la boya con empezar a recibir mensajes vuestros del terremoto en Haití y el aviso de riesgo de tsunami. La verdad es que nuestra posición estaba muy protegida y no tenía peligro…pero nos vino muy bien el aviso, veréis el motivo más adelante.

El amanecer fue como todos los días. Te acostumbras a estar en un sitio increíble, rodeado de agua y ver salir el sol por una isla.

Tengo que decir que todos los días desayunamos en plan señores a base de tostadas con aceite, fruta tropical (piña o unos melones de Martinica que están buenísimos) y café. Sigo sacando magdalenas…,hay dos productos en los que claramente se me fue la pinza en la compra: las magdalenas y tomate frito. No creo que el Juan Sebastián Elcano lleve tanto como nosotros. El caso es que se nos ha roto el tostador, y hemos tenido que sustituir la tostada con aceite por pan de molde con mantequilla y mermelada. Es duro no tener el tostador, pero con buena actitud lo estamos superando.

Seguimos camino para ver otros sitios que nos recomendó Sergio.
A falta de seguir con el viaje, os podemos decir que las Islas Vírgenes Británicas son un paraíso para hacer un charter en barco y perderse por allí una semana o 15 días. Está lleno de rincones, calas, con boyas y sitios espectaculares.

Me quedo con Sandy Cay. Es una isla privada (propiedad por lo visto de Rockefeller), sin ninguna construcción y con un sendero que atraviesa la isla.

En Sandy Cay pegándonos un chapuzón en modoparaiso

Como es un rollo bajar el dinghy decidimos ir nadando los 200 m. que nos separaban de la playa. Aquí tengo que decir que tenemos unas gafas de bucear dignas (del Decahtlon) y otras formadas por una máscara de niño con la tira de otras que no terminan de encajar bien y entra agua mientras rañan por ser pequeñas.

También tenemos unas aletas grandes y otras que pueden provocar tsunamis. Estas últimas se metieron en el camarote de popa y quizá haya que hacer un boquete para poder sacarlas nuevamente.
Nos tiramos al agua y la corriente nos arrastraba un poco, pero pudimos llegar sin problemas a la isla.

Escondimos máscaras y aletas en una palmera y a pegar una vuelta.
En cuanto vi el sendero y Francisco vio en mi mirada que nos íbamos a meter por ahí, se armó con un gran palo y para dentro que nos fuimos. Entras por un túnel en medio de la selva, mucha humedad y a la espera de que te salte algún bicho. Me recuerda a Costa Rica.

Salimos a la otra parte de la isla y de vuelta al barco.
En este momento hice un cálculo mental rápido de la dirección de la corriente (no llevaba aletas) y pensé que si me iba al extremo derecho de la isla, en vez de tener que luchar contra la corriente que me venía de lado, la propia corriente me llevaría hacia el barco. Los informáticos a veces tenemos ideas brillantes de este tipo.

Conforme me acerqué a esa zona vi que no había playa sino que era arrecife. No pasa nada, pensé, llevo unas zapatillas cangrejeras y puedo ir pisando con cuidado. Esto funcionó perfectamente hasta que la primera ola me derribó y me hizo ir dando volteretas, y darme golpes y cortes con las rocas.

Me levanté rápidamente con mucha dignidad (había varios barcos cerca, yo creo que observando lo que hacía), pero una segunda ola me volvió a tumbar y nuevamente dándome golpes con todo. A la tercera ola se juntó con que ya tenía el brazo entumecido y estaba en aguas profundas por lo que la única preocupación era llegar al barco rápido (ya sin dignidad ninguna) y sin que la sangre atrajera a ningún bicho carente de simpatía.

Esa noche dormimos amarrados a una boya, en una isla desierta y sin ningún barco alrededor, increíble.

Francisco está utilizando técnicas tremendamente innovadoras en la pesca. Unas funcionan mejor que otras. Por ejemplo, poner un hueso de jamón dentro de una nasa en The Baths, no funcionó. Bueno, igual sí, el caso es que se cortó el cabo de la nasa y no la encontramos en ningún sitio en el fondo a pesar de rastrear una buena zona. O algún tipo de velocirraptor se lo llevó, o el vecino del barco del lado se hizo un cocido de narices. Lo que si funcionó de maravilla fue utilizar como cebo un poco del Jamón Ibérico que nos hemos traído, Francisco pescó un bonito (no quiero decir que fuera un túnido, simplemente que era bonito) y otro que no lo era tanto.

Francisco perfeccionando la pesca

Decidimos madrugar para llegar a buena hora a Isla Culebra (pertenece a Puerto Rico y, por tanto, a EE.UU).
Aquí tengo que hablar de mi amiga Fuencisla. Yo me encargué de solicitar con antelación el ESTA, documento imprescindible para poder entrar en EE.UU. A través de mensajitos en el Garmin, Fuencisla me explicó que es complicado entrar en EE.UU y lo que hace la gente es viaja desde las Islas Vírgenes Británicas a las Islas Vírgenes Estadounidenses, sella el pasaporte, vuelve a las Islas Vírgenes Británicas y luego ya viaja a Puerto Rico con el barco y hace los documentos de inmigración. En nuestro caso, se nos había «olvidado» hacer la entrada oficial en las Islas Vírgenes Británicas. De hecho, la salida de Sint Maarten la hicimos con siguiente destino a Boca Chica. Se nos hacía muy complicado lo de tanta isla virgen, ferry, etc…por lo que decidimos ir a Isla Culebra y jugárnosla con inmigración de EE.UU., su guardacostas y sus sanciones de 10.000$. Quien dijo miedo!!!

Hago pues un pequeño repaso de la situación:
1.- El día 27 salimos de Sint Maarten diciendo que íbamos a República Dominicana y que tardaríamos 4 días en llegar (cuando me preguntaron si llegaría por la mañana o por la tarde ya me entró la risa).
2.- Dormimos 2 noches en las Islas Vírgenes Británicas donde se nos «olvidó» hacer el proceso de inmigración
3.- El 30 llegamos a Isla Culebra y nos vamos directitos a hacer el proceso de inmigración

Tengo que decir que fue una gozada llegar a Puerto Rico. Y no sólo porque se habla español sino por que la gente es supersimpática. Todo el mundo sonrié, te cruzas con un coche y saludan por la ventanilla «Hi, guys!». Ayer mismo, en una gasolinera/lavandería (yo tampoco lo entiendo) hay siempre 4 ancianos oyendo música reageton, salsa y bachata a todo volumen. Cuando pasas por allí te sacan el puño para chocar. Me encanta!!

Bajas a tierra, ves la casa de la Gobernación y tiramos para allí. Con una sonrisa nos indican que inmigración está en el aeropuerto, pero que andando está a 10 minutos y así es, andando por una carretera bajo sol abrasador. Es un aerotaxi y tiene una pequeña oficina de inmigración en la que el aire acondicionado está más frío que nuestro congelador (de hecho el agente que había allí estaba con manga larga). Habíamos preparado un pequeño speach consistente en explicar que no llevábamos idea de pasar por ahí, pero como hacía poco viento y queríamos hacer una reparación en el motor…y tampoco por Islas Vírgenes…pero como había peligro de Tsunami…, pero vamos, que en Islas Vírgenes, estar estar…no estuvimos…

El caso es que el agente nos explicó que teníamos que haber ido en Ferry, etc, etc…Una vez más, Fuencisla tenía razón.
El chaval era supermajo (y es de extrañar con el frío que hacía ahí dentro), le caímos simpáticos y nos dijo que iba a hablar con su supervisora para ver si nos podía hacer un parolled (una especie de salvoconducto). Nos lo pudo hacer y obtuvimos un permiso para estar en la Isla hasta el día 1, eso sí, no podemos pisar suelo estadounidense una temporadita.

Llegamos ya tranquilos al barco y dispuestos a ir al Dinghy Dock, un bar superchulo para tener internet y tomarnos una cerveza.
Cervezas a 4,5$ así que…muy caro, pero ya teníamos la contraseña del wifi. Hubo un día que nos quedamos los dos flotando en la zodiac delante del bar hasta conseguir descargar unos archivos.

Teníamos que hacer varias cosas (repostar gasoil, encontrar una lavandería, buscar información de siguientes destinos, etc). Cuando vimos la gasolinera intenté convencer a Francisco que sería la foto de su vida entrando el Arabela por un canal de unos 200 m. apenas 1 metro más ancho que el barco, etc…a pesar de mi rica prosa, me envió a paseo y repostamos haciendo viajes con bidones.

No fue mucho mejor el tema lavandería. Ya he comentado que me costó encontrarla puesto que no se me podía ocurrir que en la parte trasera de una gasolinera donde unos señores muy mayores estaban oyendo salsa con un altavoz de esos enormes, pudiera estar una lavandería.

El caso es que paramos la zodiac en una especie de muelle que quedaba a casi dos metros por encima del agua, me subí con la mochila y la ropa para lavar y me dijeron que ya no me daba tiempo que cerraban y que fuera al día siguiente. Lo mejor es que al volver al dinghy, en vez de encontrarme a Francisco me encontré un Ferry enorme descargando gente y sin saber dónde andaba Francisco.

Como ya he pasado en mi vida situaciones de lo más pintorescas (estaba con una mochila y una bolsa de ropa enorme en una gasolinera con varios señores muy mayores oyendo regeton y bebiendo cerveza) opté por esperar a ver qué pasaba. De repente apareció Francisco metido dentro del agua porque el fueraborda tocaba el fondo, bajamos las bolsas por unas rocas y volvimos al barco.

Decidimos ir a dar la vuelta a la isla con el Arabela y nos encantó. Isla Culebra tiene infinidad de playas típicas de Caribe, pero sin apenas gente. En el miniaeropuerto y en la gasolinera de los del regetón alquilan carritos de golf y los turistas se mueven en ellos mientras la gente va saludando por la calle.

El fondeadero de Bahía Honda es probablemente el mejor que conozco. Fondo de arena, sonda entre 2 y 7 metros, muchísimo espacio donde fondear y el acceso se hace por un pequeño canal balizado de poco más de 30 metros de ancho (fuera de las balizas hay arrecife).

Quizá la única nota negativa es que hay mosquitos. Y estos mosquitos…no son buena gente. Hasta ahora, había pocos, hacían mucho ruido y ,casi por pena, dejabas que te picaran de vez en cuando. Ahora pican sin piedad y llevamos tobillos, brazos y espalda hechos un Cristo. Como nota positiva tengo que decir que el spray que venden en Mercadona funciona muy bien, como nota negativa hay que saber que en el barco de noche intentas llevar todas las luces apagadas para no deslumbrarte. Pues el pitorrito por donde sale quizá podría esta un poco más claro. Tengo casi total seguridad de que nunca más en mi vida me picarán mosquitos en los ojos, a cambio, Francisco se ha partido de risa.

A la vuelta tuvimos una idea típica de nuestras mentes privilegiadas. Fondeamos justo delante del Dinghy Dock (coincide con un canal de paso, quizá por eso nos miraban un poco mal). Desde España yo me he traído diverso material como antenas, etc… para digamos alcanzar wifi desde sitios lejanos, y por primera vez conseguimos estar con Internet, tomando un Ron con limón en la popa del Arabela (todavía nos queda hielo). No iba bien del todo porque el barco va girando sobre el ancla pero en plan lo de …ahora sí va…ahora no, conseguí hacer un par de videollamadas mientras iba con la antena en la mano apuntando al Dinghy Bar.

El día 1, conforme a lo prometido a los señores de inmigración de los EE.UU., fuimos al aeropuerto a realizar el procedimiento de salida con la idea de levantar el ancla en dirección a República Dominicana.
Casi levantamos algo más. En concreto había que pagar 19$ de la salida del barco. El agente preguntó si lo llevábamos justo y le dijo que no, que llevábamos un billete de 20$ (realmente sí lo tenemos, pero desde hace años estoy obsesionado por llevar billetes de dolar y de 5$ y trato de quitarme de encima los grandes). Esperaba darle el de 20, que me devolviera uno y ya está (os recuerdo que soy informático y por eso hago los cálculos con tanta soltura). Pero no fue así, saco un billete de 10, uno de 5 y cinco de 1 y los puso encima de la mesa. Yo le enseñé el de 20, cogí un billete de 1 y le devolví los 19. El caso es que sin quererlo casi me sale la jugada (Francisco estaba mirando partiéndose). El agente guardó los billetes…se quedó pensando…y tuve que darle el de 20.

Justo en mitad de travesía desde Puerto Rico hacia Isla Saona, con 0 nudos de viento y navegando a motor, hemos aprovechado para contaros estas historias.

One thought on “Islas Vírgenes e Isla Culebra (Puerto Rico)

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