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Un día cualquiera

Esta mañana nos hemos levantado y…sorpresa, el congelador no tira aire caliente por detrás. Como era de esperar el gas se ha terminado.

Comienza la aventura de montar las famosas botellas azules y ver si funcionan o volamos por los aires. El caso es que lo teníamos medio preparado, cambiar una manguera y poner la otra, sacar el congelador y no funciona.

arabela. bombona azul. vuelta al mundo
Botellas de gas. La azul es la que vamos a instalar.

Eliminamos el regulador antiguo y ponemos el nuevo. No funciona.

El regulador nuevo tiene como un pulsador que aprietas y hace pssssssiisssss. Lo aprieto un ratito, huele a gas que flipas y tampoco funciona.

El caso es que siguiendo las técnicas informáticas de cerrar y abrir todos las llaves que veo y apretar todos los botones se queda haciendo psssssisssss pero el congelador enciende.

Se combina la alegría de que volvemos a tener congelador con la pena de saber que tenemos un escape de gas y vamos a morir.

El caso es que preparamos un spray con agua y jabón (lo vi hacer a un fontanero) y vamos tirando la solución jabonosa por todo el recorrido de la tubería hasta que salen, no burbujitas sino pompas como puños de una conexión. Desmontamos, y el problema es…como explicarlo que no suene raro…la instalación fija española que llevamos montada lleva la parte de rosca macho. La tubería francesa lleva la parte de rosca hembra. Pues bien el macho no es lo suficientemente largo para rellenar completamente la hembra por lo que el gas, se sale. Sí, el macho español tiene corta la rosca.

Como ya hemos aprendido a agudizar el ingenio, simplemente le pongo dos juntas para que el macho se sienta más cómodo en la hembra y deja de oirse psssssiissss y tampoco huele ya. Espero que esto no lo lea ningún instalador de gas autorizado. Aunque tampoco tengo muy clara la jurisdicción que se nos debería aplicar.

Encendemos el congelador y pensamos que una buena idea sería irnos del barco unas horitas por lo que pueda pasar.

Decidimos entonces alquilar un coche e ir a subir un volcán. Es lo que tiene el modo paraíso…te levantas, piensas lo que te apetece hacer…y la verdad es que solemos pensar igual Francisco y yo.

Nos acercamos a un rentacar que alquilaban coches, vendían helados y pan, y tenían un ordenador en plan cibercafé (todo esto en 3 m2). No podían alquilarse con seguro a todo riesgo por lo que fuimos a otro en el que había gente esperando en la puerta a que abrieran. La verdad es que salió barato y salimos hacia el norte. Mientras nos dirigíamos hacia allí iba investigando en la web y vimos que no nos iba a dar tiempo a hacer la excursión por lo que hubo cambio de planes (modoparaiso) y nos quedamos a visitar St. Pierre.

Pueblecito muy chulo pero con historia trágica. El Monte Pelèe está considerado el tercer volcán más mortífero del mundo, actualmente sigue activo. En 1902 una explosión piroclástica arrolló la población muriendo 30.000 personas y dejando sólo 2 supervivientes, siendo uno de ellos un preso en la cárcel.

Comimos en un sitio muy chulo un menú de degustación de comida típica de Martinica. Adelanto que no me gustan ni aquí ni en ningún sitio los distintos tipos de Aperitif, pero el resto estaba muy bueno.

Desde allí nos dirigimos a una de las playas más bonitas de Martinica, Anse Coulebre pero de camino vimos una preciosa y que tenía un sitio donde ducharse. Otro día contaré uno de los traumitas que tengo yo con el agua salada, arena de playa, crema del sol, etc…

anse coulebre arabela
Francisco en Anse Coulebre

El caso es que nos bañamos y fuimos hacia Anse Coulevre donde nos encontramos con dos madrileñas que fliparon cuando les contamos que habíamos venido en barco.

Javier bañándose en Anse Coulebre (Martinica)

Regresamos al barco y…tuvimos sorpresita.

El congelador tiraba aire caliente, pero no enfriaba (el termómetro estaba a 4º).

Si recordáis uno de los primeros post, esto ya nos había pasado. La solución era darle la vuelta al congelador. Esto que no es fácil cuando está vacío, podéis imaginarlo estando lleno de comida que se va a estropear. La recomendación es tenerlo boca abajo de 24 a 48 horas, luego volver a ponerlo boca arriba un mínimo de 6 horas y volver a enchufarlo o conectarlo a gas.

El caso es que le dimos la vuelta como pudimos, nos acostamos y pensamos: Alea Jacta Est (lo que tiene haber leído Asterix).

Pasadas 6 horas cuando nos levantamos nos surgió la duda de: esperamos las 24 horas en las que casi seguro funcionará pero probablemente tendremos que tirar casi todo, o nos la jugamos y le damos la vuelta.

Os imagináis que le dimos la vuelta y justo después de desayunar la encendimos (apenas a los 30 minutos).

El caso es que al rato vimos que el termómetro iba poco a poco bajando la temperatura por lo que había funcionado!!!!.

En estas situaciones siempre hay algún tipo de daño colateral. En nuestra caso, somos de la opinión que la cadena del frío es algo que está sobrevalorado, por lo que tampoco había que indagar mucho el estado de congelación de los alimentos…salvo, una caja de gambones que estaba arriba del todo, luego bajo del todo, y nuevamente arriba del todo. Pues bien, mi animal favorito (que al igual que el de Rodri) es la gamba, había soltado un ligero juguillo (que en próximo post contaré que afecta más de lo que parece…) y decidimos pegarnos una comilona con casi 2kg. de gambones.

Aprovechándo que no se hicieran malas las gabmas. jejeje

Esa es la explicación de una de las fotos que tenemos en instagram con las gambas y la botellita de Cava, ya veis que no es postureo sino mera supervivencia.

Hasta la próxima!!

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